USO DE CALENTADORES Y DESHUMIDIFICADORES PARA CONTROL DE HUMEDAD Y EVITAR DAÑO EN MADERA

Calentadores

Anteriormente en este blog hemos hablado de la importancia de mantener un nivel adecuado de humedad en diferentes entornos, desde el hogar hasta industrias muy específicas en las que un exceso o deficiencia de humedad puede causar daños en la estructura de la construcción, sus acabados y deteriorar el estado de mobiliario e incluso estropear la matera prima que se emplea para la fabricación de productos de diferente tipo.

Hablamos además del papel que desempeñan los calentadores, deshumidificadores, humidificadores y la ventilación para mantener y crear las condiciones ambientales en espacios interiores adecuadas para los usos que se les da, tanto en lo referente a temperatura como a circulación de aire y al ya mencionado control de humedad. En esta ocasión hablaremos específicamente de los daños que puede sufrir la madera, material que se emplea en la fabricación de mobiliario y utensilios así como en la construcción a nivel estructural o de acabados y recubrimientos y como base para fabricar papel y cartón, y de las medidas que se pueden adoptar para evitar su deterioro.

Como es sabido, la madera desde épocas antiguas ha sido de los materiales más empleados en los procesos de fabricación de artefactos y construcciones de lo más diversos pues es duradera y ofrece muchos otros beneficios. Si bien, hoy en día con el avance en la técnica y las investigaciones continuas en el uso de materiales, existen otros que resultan más duraderos y resistentes, la madera sigue empleándose en un gran número de entornos y el hecho de que sea uno de los materiales que requiere de menos inversión en procesamiento en comparación con otros también de origen natural o bien, sintéticos y que menor impacto ambiental causa (siempre y cuando sus prácticas de obtención sean responsables), la convierte en favorita de muchos. Esto sin mencionar la riqueza de su textura, aroma y apariencia, que la dotan de un importante valor estético. Sin embargo, este material puede dañarse por diferentes agentes, razón por la que resulta imprescindible protegerla.

Dentro de la lista de agentes que pueden dañar la madera se encuentran las condiciones ambientales. Las condiciones ambientales engloban los agentes climáticos, como la lluvia, el nivel de humedad en el ambiente, la temperatura, la radiación solar y el nivel de iluminación que recibe la madera, además de alterar su estructura y composición, influyen en la aparición de otros agentes, como hongos e insectos que deterioran el material de manera rápida, por ello es fundamental protegerla y tener un control sobre las condiciones a las que se ve expuesta, ya sea al almacenarla para posteriormente darle uso, durante su procesamiento o dándole mantenimiento a construcciones y objetos fabricados a partir de ella.

La exposición directa a la iluminación solar, por efecto de la radiación ultravioleta e infrarroja, genera daños fotoquímicos en la madera, principalmente en aquella de tipo blando, ocasionando cambios en su pigmentación y la aparición de surcos a nivel superficial. Este tipo de daños pueden presentarse incluso cuando la madera ya tiene protección con pintura o barniz puesto que estos productos se fabrican a base de resinas que se degradan con el paso del tiempo, razón por la que se recomienda buscar productos que tengan pigmentos que protejan de la radiación ultravioleta y que se evite la exposición prolongada y directa a los rayos del sol. La luz solar también puede producir agrietamiento, decoloración del material e irregularidades en la superficie, esto como resultado del calentamiento de la madera que genera evaporación de agua y una diferencia entre el nivel de humedad interior del material y su capa superficial. Estos daños se agravan por la acción del aire y la lluvia.

Ahora que hemos hablado de la lluvia y la manera en que la humedad puede causar alteraciones en la uniformidad de la superficie de la madera profundizaremos más en los daños que puede ocasionar este factor. La humedad es considerado, de hecho, el agente que mayor daño causa a la madera pues tanto la falta de esta como un nivel excesivo ocasiona alteraciones en el material. Altos niveles de humedad afectan la estructura y apariencia de la madera, pero cabe mencionar que la humedad no sólo es ocasionada por la exposición directa de la madera a la lluvia, sino también por fugas en la tubería al interior y un ambiente en general demasiado húmedo, es decir, sin contacto, en apariencia directo, de la madera con agua. Para evitar que la madera se deforme al mantenerse en espacios exteriores tiene que protegerse con productos especiales, y en interiores lo ideal es controlar las condiciones ambientales mediante el uso de calentadores, deshumidificadores y un buen sistema de ventilación. También se recomienda evitar el contacto de la madera con muros de piedra, cantera o adobe y con materiales metálicos, que pueden incrementar sus niveles de humedad.

Es por todos los daños que puede ocasionar el exceso de humedad a nivel de estructura en la madera y a que su presencia favorece el desarrollo de microorganismos que aceleran su deterioro, que tanto en bodegas donde se almacene madera y en industrias donde se procesa como en espacios donde se utilizan los productos terminados, se debe controlar el ambiente. Como ya mencionamos, es imprescindible que se cuente con una correcta ventilación y que, en caso de ser necesario, se empleen aparatos especiales para regular el nivel de temperatura y humedad. Esta recomendación es general para cualquier tipo de espacio cerrado, independientemente de que en él contenga objetos de madera o papel o no, pues la humedad también influye en la salud de las personas y animales. En todo caso, ya sea que se decida usar un aparato diseñado especialmente para la deshumidificación o un sistema de calefacción para controlar este agente es necesario seguir las instrucciones de uso del fabricante.

El control de factores ambientales como la humedad y la temperatura evita que aparezcan otros agentes que se identifican como causantes de grandes daño en la madera, como hongos, polillas, termitas, pescaditos de plata, escarabajos, carcomas, hormigas y avispas, entre otros insectos que ocasionan daños estructurales en la madera. Cabe mencionar que al hablar de control de humedad no nos referimos a anular por completo la presencia de vapor de agua en el aire, sino de mantener un punto de equilibrio que permita al material conservar los niveles adecuados de humedad a su interior, pues tanto las maderas demasiado húmedas como las que están muy secas se dañan, por la misma condición de humedad y temperatura como por el ataque de insectos.

Además del uso de aparatos especiales para el control ambiental en espacios interiores existen otros medios para evitar el daño de la madera, tales como el uso de tratamientos químicos y el uso de un buen diseño constructivo, pues la madera no se daña sólo por la radiación, la humedad y los hongos e insectos, sino también por errores que se cometen al momento de procesarla. La primera medida a adoptar para disminuir los daños que puede sufrir la madera son pautas de diseño constructivo, esto es, la reducción de los efectos nocivos de los agentes ambientales sobre la madera a partir del aprovechamiento de las propiedades naturales de la misma. El diseño constructivo consiste en hacer un buen diseño y planeación del uso de la madera, partiendo de la evaluación de las condiciones a las que se verá expuesta, esto para elegir la especia que resulte más adecuada y que tenga menos probabilidades de sufrir daños por las características del ambiente en que se use.

Si bien, el diseño constructivo es fundamental para reducir los daños en la madera, no es en sí misma suficiente, así que se deben utilizar productos que le den una protección química a la madera. La protección química se utiliza más en espacios exteriores para reducir los daños de la exposición a la intemperie, pero también es necesaria en interiores. Las sustancias que se utilizan para proteger la madera tienen propiedades especiales para evitar el desarrollo de hongos, el ataque de insectos, para impedir la absorción de humedad e incluso existen aquellas que protegen la madera del fuego y se eligen, al igual que las medidas de diseño constructivo, en función de las condiciones a las que se ve expuesta la madera. Cabe mencionar que ciertas condiciones, el nivel de humedad, por ejemplo, no siempre están relacionadas con las características climáticas de la región, pues actividades como planchar, cocinar y el uso de secadoras elevan el nivel de humedad en el aire, y si no se cuenta con una ventilación adecuada, la madera sufre deterioros.

No está de más aclarar que, a pesar de que la protección con sustancias químicas prolonga el tiempo de vida de la madera, siempre tiene que utilizarse en conjunto con el diseño constructivo y que para la elección del producto a aplicar se tienen que valorar las características de la madera. Lo ideal es consultar a un especialista, esto para evitar errores en la elección de las sustancias que pudieran ocasionar severos daños en la madera o bien, afectar su estética. De hecho se recomienda que el uso de químicos sea la última medida a adoptar para proteger la madera y que se recurra a ella sólo cuando las medidas de diseño constructivo no resultan del todo eficientes.

En próximas publicaciones hablaremos más acerca de la importancia de control de humedad en entornos donde se trabaja madera o se tiene objetos producidos a partir de ella, como muebles y libros. Recuerda que una medida efectiva para regular los niveles de humedad en espacios exteriores es utilizar calentadores, deshumidificadores y sistemas de ventilación, y en H2OTEK tenemos los equipos de mejor calidad. Visita nuestro catálogo en línea o contáctanos para solicitar información detallada, con gusto te atenderemos.